martes, 30 de mayo de 2017

Estatua

De un momento a otro, súbitamente, algo se detuvo, pocos instantes después  sintió el  ring tone  del celular, una, dos, tres veces, recién al  cuarto llamado, se percato que era el despertador,  serian las 6 y 30, intentó  levantarse como todos los días, pero no pudo, su cuerpo no obedecía, pensó en algún calambre o una tortícolis fuerte, se quiso mover hacia un costado, imposible, el cuerpo era una estatua. Contó hasta tres e intento girar sobre su eje y quedar de espaldas al techo, sobre la superficie de su cama, pero no pudo. Como esos cascarudos que no dominan su caparazón, seguía  impasible con la vista clavada en el cielo raso. .de repente sintió un fuerte olor a gas, recordó la perdida de la estufa, que mal,  había olvidado  repararla, un terrible interrogante  le agravo la sensación, una especie de parálisis al cuadrado, que lo dejaba doblemente inmóvil.- ¿y si estoy muerto?-
Lo primeo que Recordó fue  un viaje que tenia programado con su hija para el sábado siguiente, que macana, no le quería fallar, también repaso otros eventos importantes de su agenda. Se preocupó, quien haría las cancelaciones?, va, que mas da, pensó, se hará todo de hecho.
Cuando vio que era imposible  moverse, descanso de su intento, no percibía ya su respiración, pero si podía ejercer el acto de la escucha, quizás los sentidos se van apagando de a uno pensó , se dispuso entonces, a disfrutar  de sus últimos sonidos, el ladrido de los perros, el canto de algunas aves, el ventilador  de su PC, de repente una moto que para, y queda regulando frente a su casa, escucha los pasos de alguien que se aproxima, da dos, tres cuatro  golpes en la puerta y tras esperar uno instante se vuelve a alejar, allí nuevamente retoma los intentos de incorporarse  pero es  inútil, su cuerpo solo es  una gran oreja. Quizás era el correo con cartas que nunca  leerá  o cuentas que quedaran impagas en las columnas del debe de la vida.

Cuando ya se disponía a entregarse  al acto de la resignación, cuando en una secuencia agitada fugazmente desfilaron  por su memoria, incontables momentos de su vida, en una intensa ronda de diapositivas, que   se disponía  a llorar en el pensamiento porque sus ojos ya no le obedecían. Cuando  un olor a velas y flores se insinuaban en un baile de mortajas y fantasmas.  Un pequeño movimiento, una tenue reacción ,  un tic tac muscular del dedo del pie, se tradujo  en   un pequeño acto de voluntad, en una onda celular expansiva que  corrió por todo su organismo , llevando el vital mensaje del oxigeno ,  Conatus indoblegable, cordón umbilical de acero y seda ,que atado al centro de del universo y de la vida persiste en la obstinación de sus latidos, y poco a poco como saliendo de una anestesia de cuerpo entero ,  cada miembro se reincorpora a su mandato original, cada engranaje de la maquina se vuelve a activar ,cada célula se despierta  de una broma fisiológica de dios, ,ohh  la vida sigue, esta todo por hacer..

En el nombre de quien?

No te dejes engañar me dice una voz extraña. Y  se desdobla, en varias inflexiones. A veces es un trino dulce en la boca de un niño que reconozco, pájaro y ser primal de albedrío.
Como hacerle caso  a esa voz blanca si su mirada etérea no conoce los cuervos de los días que ya viví.
Solo cuando calla se desmorona su cristal imperio, quien sabe que duende lo distrae con su juego, y  ya  callado  me deja huérfano.
Cuando escucho el sermón en la montaña, es otra voz, de fuerza hercúlea retumba de trueno, y no hay camino  que se le niegue a  a recorrerlo.
Y el mundo es un pañuelo que se abre, sin  esfinges ni velos, y los guardianes son mascotas caseras que se olvidaron de aullar.
La tierra en cambio, con voz de cuenco, color  terruño,  de praderas verdes me abraza de tiempo circular, quédate aquí, niño, hombre, héroe de tu propio silencio, que las gorgonas canten en su infierno.
Tu arma es tu copla, y tu almita  noble,  tabaquito soplado, curador de olvido, sagrado misterio. la apacheta espera tu piedrita, y tu canto el rìo.
Así me habla la tierra, con su don materno, y yo le ofrendo mi cuerpo, mi roca existencial.


Mandala (Relato)

Cuando Pablo se sentó a la mesa y se dispuso a comer, estaba solo. Solo y abrumado, había intentado tomar su almuerzo frente a su pc mirando algo interesante en la multimedia, pero  opto por algo más ceremonial, más íntimo y  meditativo. Por eso  camino un trecho hasta el living comedor, donde se halló más a gusto. Frente de si, un plato blanco con su menú servido y dos cubiertos. Como en  una leve epifanía observó los alimentos encima de  la porcelana, sus colores, sus contornos sus connotaciones nutricias. Una milanesa freída con aceite vieja, requemada por desatender su cocción, una cebolla cortada en juliana, desprovista previamente de  su núcleo  por  estar en avanzado estado de descomposición , la mitad de un tomate transgénico, un huevo frito  y un par de papas hervidas , lo mas puro y salubre para su organismo.  Miraba el plato desde arriba y se le antojaba un mandala, una representación de su universo, un ying yang comestible. En la carne arrosada de pequeñísimos trocitos de carbón quemado producto de los refrites veía el mal, la tentación, el abandono dionisiaco al sabor  oscuro del pecado, o el abandono ético y moral. Intento un salvoconducto espiritual con su elección, queriendo solo ingerir el tubérculo blanco, a manera de purificación, y se quedo largo rato degustando el sabor de la papa. El tomate y el huevo se mantenían intactos  sin probar, al igual que la carne. El sol fuerte del mediodía entraba perpendicularmente por el ventanal y le pegaba en la cara,  el saboreaba hasta el ultimo bocadillo de aquel alimento natural. acompañado con tragos de agua pura y fresca.  Estuvo largo rato, en esa situación, pensaba en muchas cosas, en su amigo Julián en su relación con Laura ya terminada, también en su destino cercano y en sus fuertes contradicciones internas que no lo dejaban en paz. Se lamento no tener mas papas en la alacena,  aun no había saciado su hambre, y no  quería contaminarse  con la comida chatarra, con la rutina chatarra, con el mundo chatarra, quería retomar sus viajes interiores, recorridos iniciáticos truncados por las esfinges cotidianas de la sociedad, con las cuales hay que lidiar. Luego pensó también en  traslados verdaderos, al norte? a Machu pichu? A la india?
 No se dio cuenta, y ya había transcurrido  una hora en los menesteres del almuerzo. Tenía ocupaciones. El hambre había mermado y vuelto a crecer, el plato enlodado por la yema del huevo, era un estropicio, y en un ademán propio de si, en un arranque de la nada, corto a grandes trozos el bife marinado y se lo engulló, previo refregado en el caldo del huevo frito, tragó casi sin masticar la parte oscura de su mandala taoísta. Y salió a la calle.

Ahora Pablo esta en un bar del centro, quedo encontrarse con Julián para hablar de Laura y de sus días nuevos por venir, el lo escucha, es su confidente y lo aconseja desde una experiencia  con más recorrido.
A Julián lo había conocido hace bastante tiempo  en una marcha de izquierdas, esas manifestaciones que a veces te cruzas y te sumas espontáneamente y adherís sin preguntar el orden del día.
Cuando ya los militantes enrollaban las banderas y desarmaban todo. Pablo se acerco y le pidió un cigarrillo. Hablaron algo de política y en seguida fugaron a la  filosofía y desde ese día, estrecharon buenos lazos.
Julián era un pragmático, y en general tenia una personalidad estable, sin grandes tensiones, sin grandes vacios, ni grandes pretensiones , era un protagonista de su vida nomás, un buda anónimo sin anhelo de trascendencias, sin mandatos de ninguna índole que cumplir, danzando en la levedad, pero se arremangaba por un amigo en cualquier requisitoria necesaria.
Había entre ellos un  juego doble de concejeros, que practicaban  y lo conocían muy bien, un código común. Cada cual veía  la vida del otro, desde un punto de vista propio, sugería soluciones y proponía programas de ensayo, a veces  con fuerte carga psicoanalítica, para hacer frente a la realidad, cada uno sabia que lo que estaba proponiendo, no lo podría aplicar en si mismo, estando solo. Y necesitaría aferrarse a la propuesta del otro, que conservaba cierta distancia del acuciante problema y le daba la perspectiva necesaria para diagnosticar. Este codo a codo los mantuvo unidos muchos años, los dos sabían del estado simbiótico en el que se encontraban, pero no lo tomaban como una anomalía.
Pablo ya se había indagado a fondo por su concepto de la amistad, y había optado por la afirmación, por entender que es  uno de los regalos de esta vida, un jardín a cuidar y a desmalezar de pasiones tristes.
Tristes como  la melancolía, o la soledad de un cuarto de pensión, donde uno se puede ir muriendo en capítulos, leyendo   una novela oscurantista, sin que a nadie le modifique un centésimo de su realidad. Donde un vino compartido te salva de esos naufragios cotidianos, que se vuelven crónicos. Luchar contra el esplín, contra lo que no pudo ser, sin maldecir  culpas, y quedarse a vivir en cada respiro del presente. Ese, era el anhelo de Pablo.
Ya en el bar, se dieron a la charla.
-Como estas con lo de Laura?-
-Bien Julián, esta conmigo todo el tiempo, pero no la rechazo, que se quede todo lo que se tenga que quedar. Que se vaya cuando tenga que ir también de este plano, aunque creo que de esta forma se va a quedar  un tiempo largo conmigo –
-lo que resistes, persiste-
-exacto-
-me llama y me corta, no quiere hablar, pero se que es ella-
.pero te llama-
-pero no quiere hablar-
Laura ya andaba de viaje por chile y tenia pensado viajar a Europa, pero algo de ella había quedado con pablo merodeando la pensión, un par de camisas, una cartera, discos  libros y otras cosas pregnadas de su olor y su esencia.  
Julián lo invito a un viaje a Córdoba, pero íntimamente  sabia que Pablo no era un escapista de sus fantasmas y que el viaje que el tenia en mente era de otro tipo, de esos que realmente curan, los que desatan nudos .que el tiempo ha ceñido tanto que habría que cortar la soga de la que amarran.
La tarde se había pasado rápido, pidieron la cuenta y ya en la esquina del bar se saludaron con un rápido abrazo. Cuando un  colectivo de línea se corrió  como un telón, ya ninguno estaba allí.
Pablo dio vueltas y vueltas por el barrio, el aire del rio, las luces de neón, las bocinas, las frenadas y el smog eran su paisaje cotidiano de  San Telmo. Cuando escuchaba los tambores se sumaba a la llamada, y aunque solo observaba a distancia desde algún rincón del parque Lezama, hacia latir un tambor propio, que tocaba cada vez mas lento, que se iba desacompasando y luego bifurcando  del tronco principal de la batucada, en una rama independiente, un hilo rítmico e  hipnótico  que ayudado por los efectos de su cigarrillo de  hachís, lo dejaba asordinado y perdido en algún callejón de conventillos..
Cuando volvía en si, se interpelaba, se preguntaba por el sinsentido que lo perseguía desde un pasado un tanto oscuro, como un perro  negro  rabioso, del que no se podía deshacer del todo.
Tenia que hacer algo, quería entender, caminó por defensa unas cuadras, y doblo por  Idependencia, se sumo  el recuerdo de Laura también, ya eran una multitud de soledad. De repente escucho una música tranquila, nada que ver con el frenesí de los tambores, esto era algo que le daba paz, que no sabia si lo llamaba desde afuera o desde lo más recóndito  de su ser, algo conocido que nunca había experimentado, una lejana voz familiar que le hablaba en un idioma que no entendía.
Cruzo al almacén, compro agua y un paquete de cigarrillos negros, se quedo sentado en el zaguán durante un rato, la música seguía sonando, se puso de pie, se sintió consciente y  dueño de sus reflejos, y se acerco al lugar. Por un rincón de una puerta cancel observo el panorama, un hombre calvo de barba al estilo oriental tocaba un instrumento rarísimo, una caja con fuelle que se abría y se cerraba, soltando armonías repetitivas, que oficiaban de  base a unos cantos guturales bien entonados. Un grupo de asistentes sentados en pose meditativa completaban la ceremonia. Pablo se fue arrimando de a poco y también se sumo al encuentro, a una distancia prudencial, tomo la misma postura que los demás y descalzándose se fue integrando, el guía del grupo lo observo con total naturalidad y hasta con indiferencia, el olor del incienso lo envolvía todo y  terminaba de transfigurar ese instante de su cotidianeidad.
Haciendo caso a las instrucciones del yogui, se entrego a la practica de la respiración, y al acto de meditación profunda, en su mente se le cruzo la escena de su almuerzo, el plato como un  mándala, la carne o la verdura, el ying in o el yang, los tambores o los mantras, el pasado o el presente, de repente sintió un roce en su espalda, se había dormido sentado, era el yogui ,quien  lo saludo reverencialmente, le dejo una tarjeta y se fue sonriendo.      

Cuando Laura conoció a Pablo,  entendió en seguida que manejaban un código en común, y se habilitaba desde ese momento un camino  de coincidencias y complicidades,
Fue  una   alineación cósmica de constelaciones  que los incluía, una sincronicidad que agradecieron y festejaron durante las dos semanas siguientes en el departamento de ella.
Laura estaba convencida, que eran el uno para el otro, y así lo creyó durante mucho tiempo. Hasta que una tarde se desengaño. Notó una  falla insalvable, un error de sistema, una obsolescencia programada  y de a poco se fue retrayendo de la relación que ya llevaba dos años.
El tema estaba en el tiempo gramatical en que escribían los días de la pareja, ella era toda presente y el un pretérito anzuelo enganchado a un tiempo que ya no esta. Un tiempo intruso, farsante, que se apropia de la frescura de los días, con sus manos atadas ,que nada pueden resolver, con sus ojos de hielo que miran todo desde la espalda y un pecho ciego que late sin rumbo. Llena de tristeza ella iba internalizando  la revelación del desencuentro, de la incompatibilidad, y acepto al fin, con mucha entereza  que eran animales de otra especie, otra naturaleza, otro cuento.

Pasaron tres semanas y pablo, casi no salía de la pensión, se la pasaba leyendo y escribiendo, fumaba tabaco armado como nunca lo había hecho, ponía cortinas para dormir un rato más, se había vuelto un tanto fotofóbico y antisocial.  A lado de su cama viejos volúmenes de grandes novelistas rusos, un jarro grande de loza con café sin colar, que recalentaba una y otra vez, poco a poco se iba mimetizando  con alguno de los personajes de las propias páginas que leía. A veces empujaba el luto de su relación con botellas de vino tinto berreta. Cada día se prometía cortar esa decadente rutina con jornadas de ejercicio al aire libre, pero se engañaba. El sabía que el limite sería el reinicio de su trabajo en la librería.
El anaquel estaba cerrado por reformas edilicias y le habían dado una suerte de vacaciones  hasta que las refacciones estuvieran listas, cuando  la librería cerró sus puertas coincidió con la partida de Laura, lo que a Pablo lo dejo desacomodado, un cambio diametral, un kata de karate que te deja en el piso sin posibilidades. Cuando sus pensamientos fugaban a lo místico pensaba en el karma y en las leyes herméticas del  kibalión. Las explicaciones mundanas le resultaban insuficientes, sus penurias deberían de obedecer a un orden superior, un  designio cósmico que lo haría redimirse a un estadio de grandeza, purificación o sabiduría, no lo podía tomar como simples tropiezos de la vida, si es que dolían tanto.
Se mantenía obsesionado con un concepto que alguna vez había escuchado desarrollar en boca de Julián y por estos días le había pedido más detalles del asunto.
Se trataba de la cuarentena, y la posibilidad de cambiar los hábitos de vida, autoprogramandose.
  Busco información y se sorprendió, sobre la capacidad del cerebro de crear nuevas conexiones neuronales, si determinada acción se mantenía constante durante un mes o cuarenta días, este nuevo recorrido de la sinapsis de tanto repetirse quedaba grabado en el cerebro profundo, y quien lo practicase  crearía una nueva realidad propia.
Pensó en ponerla en práctica, pero lo único que logro fue cambiar los libros de Dostoievski por los Jung  y salir día por medio a hacer gimnasia en los senderos del parque.

Cuando se sintió un poco mejor se dio una vuelta por el anaquel para ver si había novedades de la reapertura. En la vereda se cruzo con Carlos, el dueño, que apenas lo saludo le espeto la buena nueva. Había decidido vender.
-que? como?-
-quédate tranquilo Pablo, te voy a recomendar para que sigas-
-si se la queda mi cuñado, olvídate, quedas si o si-
En dos segundos  Pablo, pensó un montón de cosas.  
En la plata para pagar la pensión, en la imposibilidad de seguir teniendo los libros que quisiera a disposición, en como cambia todo tan rápidamente, en el tono desprendido y poco empático de Carlos al darle la noticia, en el abandono de  Laura, y en que parte de su mandala encajaba todo esto.

Pablo tenía un contrato temporario, y en ese momento no se animo a hablar sobre una posible indemnización, además no quería confrontar con Carlos y se aferraba a la posibilidad de continuar con el nuevo dueño.
-Esta bien Carlos si ya lo decidiste me quedo esperando entonces-

El tono frágil con el que pronuncio la frase, lo empezó a poner un poco nervioso, palideció, desde el fondo de su alma se sentía totalmente humillado, por la noticia del cierre, por la partida de Laura, por su vulgar vida sin grandes acontecimientos que se diluía progresivamente , pero  ese sentimiento de indignación, esa  bronca que era un torrente violento navegando por los túneles subterráneos de su alma, iba perdiendo fuerza paulatinamente y mermaba su intensidad hasta convertirse solo en un pequeño hilo en su voz mediosa y conciliadora que pronunciaba; -esta bien, esta bien me quedo esperando entonces-
Volvió caminando a la pensión, miraba las caras de los transeúntes, encontraría a alguien que estuviera en su situación?, alguien que lo consolase?. Notó que algunos rostros sugerían cosas más terribles aun, otros total indiferencia, había también caras de gente portando los rasgos de la alegría, -como hacen? Pensó -como mensurar el  acierto de una vida, como comprobar la buena práctica de una  filosofía frente a la dura realidad. Por un instante se dio cuenta  que  su soledad no era la única, que solo era una ofrenda más, al corazón de piedra, de  la gris ciudad que habitaba.
De pronto soltó los nervios y se relajo, enfilo para san Telmo, de pasada compro carne y vino, y paso por el locutorio. Llamo a Julián -venite para casa, te invito a cenar- cuando su amigo llegó, él lo esperaba con una tira de asado a la parrilla dispuesta en forma circular, con un relleno en el medio  de morcillas   y chorizos, y una música de mantras de fondo. Salud hermano! Salud que Todo lo malo siempre trae algo bueno…



Pàjaros

Hoy me despertó el canto de los pájaros
Infinitos timbres cantando el aire
No me alcanza la escucha
Oir tres cuatro o cinco cantos
De una milenaria sinfonía
-La historia de la aves-
Cretácicos y mesozoicos trinos
Cantaron en todas las selvas
De costa a mares, de cumbre a ríos
contando cielos
Desde el piar de los nidos
Pero solo y recién hoy
Cantaron para mi
Hoy estoy despierto...




M-E

Gen


(Poema galáctico post vista de noticieros internacionales con resúmenes de informes ambientales y conflictos bélicos de peligro nuclear )

Que gen extraño nos navega la sangre
Y la espuelea de preguntas hirientes 

Por eso ella se revela, por eso la sangre nunca fue mansa
Que rebelde gen, inquilino e indómito, no se asienta como el limo en el agua.
Los mamíferos pastan hace milenios la misma hierba sin inmutarse
Pero nosotros matamos la hierba y a los mamíferos
Que gen de estrellas lejanas añora volver a casa
y diseña avanzados planos de altimetrías galácticas
cada vez más rápido y expeditivo
su urgente anhelo asciende rompiendo paredes sin permiso
las verdes paredes de este mundo..

Fruto


Si eres raíz anclada
Petrificada, parte de la tierra
Inmóvil al peso de los años

Ya es tiempo de ser sabia
Viajar hasta la copa
Y en una hoja danzarina
Ser la experiencia del viento
Ya es tiempo
Ya te toca
Ya estás preparado
Para apreciar la altura de la belleza
Tu fruto tiene un gesto
Una memoria de raíces
Tu fruto tiene un gusto
A mares subterráneos
Tu fruto ya está en el aire
Dando semilla

M-E

Las mismas palabras



Saber de su suerte fue bueno para mi. Aunque las comparaciones son odiosas,

uno termina siempre haciéndolas. Pensar que hizo cada uno de su vida. Cotejar quien

se había acercado más a los ideales profesados,y otras vanas preguntas

innecesarias.

Apareció súbitamente en el teatro,yo estaba en la tercer fila de

la platea baja,y aunque no podría afirmarlo con certeza,impedido

por la falta de luz en la sala,su presencia era inexorable.

La función todavía no daba inicio,mirando hacia atrás la había visto entrar

a tras luz de los faroles del hall, y después sentarse en la ultima fila,

pegada a la puerta de entrada. En vano forzaba mi vista para identificarla,

desde un ridículo gesto de soslayo. En vano también intenté

concentrarme en la primera escena de la obra,otro escenario se perfilaba

en mi mente,con pasos de recuerdos,de una obra inconclusa. Una escena en mi cabeza

y otra en el escenario,inbrincaba imágenes entrelazadas.

Las mismas palabras en las dos tramas,las importantes,de la misma madera

comen las almas. Mi obra todavía no concluía pero ya el teatro estaba aplaudiendo de pie,

tome mi gabán, el programa y salí caminando entre el gentío. Ya en el hall,mi mirada

sondeaba los rasgos de un rostro conocido,pero no lo hallaba. Empecé a dudar,quizás

me había equivocado. La incertidumbre crecía al ver el ver rasgos parecidos,en rostros

similares. Quizás historias con puntos en común,tramas parecidas con hebras teñidas

de otro color,las mismas palabras,las importantes.

me di una vuelta por el museo y la sala de exposiciones,un tiempo prudencial frente

a los baños y al fin baje a la calle,donde nuevamente pude constatar esa figura,que seguía

en las sombras,mientras yo la veía alejarse por el callejón.

Saber de su suerte fue bueno para mi...